La fangoterapia es una técnica de bienestar y a la vez terapéutica ya vieja de unas milenarias pero de nuevo de moda. Muchos pueblos de las antiguas civilizaciones lo utilizaban (griegos, romanos, árabes…).
Como su nombre lo indica, esta técnica se basa en el uso de fango o arcilla como mascarilla de belleza o para tratar varias patologías. ¿Cómo funciona? El fango purifica nuestro cuerpo absorbiendo y eliminando las toxinas y sustancias dañinas. Generalmente se utiliza por vía externa pero también puede administrarse por vía interna. Compuesto por minerales como hierro, magnesio, potasio, calcio, oligoelementos, manganeso, zinc,… el fango posee numerosas propiedades curativas. Puede curar y al mismo tiempo cicatrizar picaduras o mordeduras, golpes, heridas y quemaduras. Ayuda a la curación de ciertas enfermedades de la piel. Con un buen masaje, el fango también estimula la circulación sanguínea. De un punto de vista estética, la arcilla limpia e hidrata la piel. Permite atenuar celulitis y eczema; o eliminar las manchas y el acné. Lo más importante es que la fangoterapia favorece la regeneración y retrasa el envejecimiento de la piel. Las mejores arcillas son las de origen volcánico o las que se extraen de los terrenos a manantiales de aguas minerales. El tratamiento de las afecciones se realiza con una aplicación de mascarilla dependiendo del parte del cuerpo a tratar y según su gravedad. De otro lado, para que el tratamiento estética sea eficaz, aplicar el fango a una temperatura que oscila entre 35 a 38 grados. A veces se aconseja complementarlo con masajes y productos activadores.